Los pechos de Afrodita: entre Santa Ágata y Angelina Jolie

Cuenta la leyenda que en el año
238 después de Cristo, Ágata de
Catania se resistió a las intenciones
libidinosas del procónsul romano
Quinizano.
El político, ofendido, mandó a
amputarle las tetas, ella tuvo una
visión de San Pedro, se hizo santa,
y su impactante iconografía la
condenó a cargar sus mamas en
una bandeja. Santa Ágata, cuyo
milagro parece ser adelantarse a la
ciencia, es la patrona del cáncer de
seno.
Hace un mes, Angelina Jolie hizo
pública una doble mastectomía que
se practicó como acción preventiva
frente al cáncer de mamas. Según
un sofisticado (y costoso) análisis
de su ADN, Jolie tiene el gen
BRCA1, que aumenta su
probabilidad de tener cáncer de
seno y de ovario al 87%. Con la
mastectomía, Jolie reduce sus
probabilidades de cáncer de seno
al 5% y ha anunciado públicamente
que el paso a seguir es remover sus
ovarios.
La mastectomía de Jolie puso a
hablar a todo el mundo. No de sus
tetas, ya todos hablábamos de sus
tetas. Desde siempre. Pero que la
tantas veces llamada "mujer más
sexy del mundo" reemplace esas
tetas memorizadas por su público
hasta la pertenencia por prótesis es
un reto contemporáneo a nuestra
idea de belleza, de mujer, de
feminidad y de destino; plantea
dilemas éticos, estéticos,
biológicos, ontológicos y políticos.
Unos son sobre la voluntad y el
destino: ¿Lo hizo por valiente o por
cobarde? ¿Lo hizo "por sus hijos" o
por un incontrolable deseo de
controlarlo todo? ¿Vale la pena
hacerle tantos quites a algo tan
irremediable y gratuito como la
muerte? Otros sobre el cuerpo y
los símbolos de lo femenino: ¿La
hace menos sexy la latencia de su
enfermedad? ¿Hay tal cosa como
un cuerpo natural? ¿No es cada
decisión que tomamos en la vida
una intervención sobre el cuerpo?
¿Es ahora una especie de cyborg,
una mujer biónica? ¿Es mujer
todavía, aún sin sus tetas, sin sus
ovarios, sin los marcadores
biológicos a partir de los cuales
nos inventamos, en el lenguaje,
unos géneros?
La gran Afrodita de Hollywood se
convirtió en la Santa Ágata
contemporánea. Muchos, de hecho,
hablan de Jolie como heroína y
como mártir. Los dos papeles en
este caso son antagónicos. Primero
porque Jolie desafía su supuesto
destino, escrito en los genes, para
tomar las riendas de su vida y
escapar a ser víctima de una
enfermedad. Segundo, porque Jolie
es la única que puede darse el lujo
de hacer eso sin convertirse en
mártir. Su gesto habla de un
mundo soñado por Odiseo, en el
que la astucia y la voluntad humana
pueden derrotar los designios de
los dioses. Pero también es cierto
que una probabilidad no es más
que eso, que el destino nos aplica
psicología inversa y la mastectomía
pudo ser inútil (tal vez Jolie nunca
iba a tener cáncer) o el 5% basta y
aun puede tener mala suerte en la
lotería de la enfermedad.
Jolie no le puede ganar a la muerte.
Pero lo valiente de su decisión es
que una mujer que ha construido
su carrera sobre los símbolos de lo
que significa ser mujer, la más
deseada, amada por el más
deseado, se deshaga de esos
símbolos, por la razón que sea, y se
reclame mujer ante el mundo,
frente a tantas mujeres que
tomaron la misma decisión en
secreto y se cuestionan su
feminidad. Y si bien no responde la
pregunta, deja claro que una mujer
es más que unos órganos
dislocados, unos ovarios y unas
tetas, una mera función erótica y
reproductiva. Afrodita, Angelina y
Ágata. Ser mujer es más.