A propósito de un tweet falso: las debilidades de Twitter

Un artículo publicado por el
ABC.es recalca una de las
debilidades que tienen las redes
sociales, la seguridad, recordando
el tweet falso que anunció un
atentado en la Casa Blanca. Sin
duda información rápida, pero
¿siempre veraz?
La rapidez con la que se suceden
los acontecimientos a través de
internet ha ampliado la necesidad
informativa de los ciudadanos, que
están pendientes de los medios al
segundo y al instante, surgiendo
entonces una interrogante: ¿Tiene
esta fabulosa herramienta un
problema de credibilidad?
A continuación el artículo
completo del ABC:
Un pasaje de «La guerra de los
mundos» leído por Orson Welles
provocó en 1938 una alarma social
en EE.UU. que llevó a miles de
ciudadanos a salir despavoridos
por las calles de Nueva York.
Durante cincuenta y nueve minutos
los oyentes de la CBS tomaron en
consideración lo que se transmitía
por las ondas. Ese fenómeno, que
marcó un hito histórico en el
comienzo de un nuevo medio, la
radio, no está tan lejano como
parece.
La rapidez con la que se suceden
los acontecimientos a través de
internet ha ampliado la necesidad
informativa de los ciudadanos, que
están pendientes de los medios al
segundo, al instante. Y la red de
«microblog» Twitter se ha abierto
un importante hueco como canal
de noticias en un paisaje dominado
hasta ahora por los medios
tradicionales.
¿Tiene esta fabulosa herramienta
un problema de credibilidad? Un
«tuit» falso enviado desde la
cuenta de la agencia de noticias
Associated Press, con casi dos
millones de usuarios, agitó el
martes, durante tres minutos, los
mercados financieros, llevando
incluso a provocar una de las
mayores caídas de la historia del
Dow Jones. El desplome de 145
puntos supuso pérdidas estimadas
en más de 136.000 billones de
dólares.
En ese mensaje se advertía de un
supuesto atentado a la Casa Blanca.
El grupo de «hacktivistas» Syrian
Electronic Army, partidarios del
presidente sirio, Bashar al-Assad,
atacó el perfil de la agencia
robando sus credenciales de la
manera más fácil que uno podría
imaginar. Un enlace teledirigido a
los empleados apuntaba a un
periódico, «The Washington Post»
pero contenía un código malicioso.
Tan solo una sola letra modificada,
whasinqtonpost, fue suficiente para
que algún usuario introdujera,
ingenuo, su contraseña.
Sin protocolo de seguridad
Expertos en seguridad criticaron
rápidamente a Twitter por su
lentitud, desde hace tiempo, en
implementar la verificación en dos
pasos, un protocolo de seguridad
que la compañía ya estaría
probando y que complicaría el
«hackeo» de las cuentas. Otros
gigantes de internet como Google
ya utilizan este método donde el
usuario, una vez registrado,
necesita un código que se le envía
al teléfono por medio de un
mensaje.
Esta falta de seguridad ha
reavivado las dudas sobre el lugar
que ocupa Twitter en el panorama
de los medios en un momento en
que su estatus como una de las
redes de información más
importantes parecía estar
consolidado. «Un 'tuit' puede
cambiar el mundo, pero los
'tuiteros' hemos aprendido a no
fiarnos; el problema es cuando
viene de cuentas verificadas que
dan información errónea», explica
a este diario Iván Rodríguez,
director de operaciones de
Pirendo.
Retuiteado por miles de personas
Nadie puso en duda la credibilidad
de aquel mensaje, «retuiteado» por
miles de personas. «Puede ser
peligroso porque Twitter es un
medio fantástico y muy directo, y
cualquier cosa que digas desde una
institución puede causar alarma.
¿Por qué ibas a dudar si es una de
las mayores agencias de noticias
del mundo? Las consecuencias son
brutales», manifiesta Luis Corrons,
director de Panda Labs, quien
considera que Twitter tiene «ciertas
carencias» a nivel de seguridad
como el hecho de utilizar sólo una
contraseña de validación para
acceder a la cuenta.
El uso de contraseña es el método
más extendido para acceder a
redes sociales, pero contiene
muchas debilidades. «Hace años
que se debaten alternativas, pero
las grandes compañías del sector
no ven con buenos ojos cambiar
esa forma por términos de
usabilidad. El problema intrínseco
es la debilidad de las contraseñas»,
dice Vicente Díaz, analista de
seguridad de Kaspersky Lab. «Lo
que los medios de comunicación
tienen que hacer es ejercer presión
a Twitter para disponer de un sitio
web más seguro», añade Robert
Quigley, de la Universidad de
Texas.
Comodidad y seguridad
La introducción de medidas como
la autenticación en dos pasos, más
difíciles de utilizar, ralentizaría el
crecimiento de Twitter, que cuenta
con más de 200 millones de
usuarios, y generaría una gran
preocupación en una empresa que
basa su negocio en los ingresos por
publicidad. Sin embargo, una
erupción prolongada de «hackeos»
de perfil alto como famosos,
instituciones o medios de
referencia puede erosionar la
confianza del usuario. El objetivo:
encontrar un equilibrio entre la
comodidad y seguridad.
Un problema de seguridad daña la
imagen de la herramienta. Poco a
poco, Twitter va asumiendo que la
piratería está generando dudas
entre sus usuarios y trata de poner
freno al asunto. «Vivimos
permanentemente recibiendo
inputs de información. Antes
cuando querías informarte ibas al
periódico tradicional. Twitter tiene
una cosa buena y otra mala:
permite una información
inmediata, pero no siempre es
veraz», comenta María Gómez,
directora de Mind Your Privacy.
Delincuentes informatizados
Twitter ha cambiado el paisaje de
medios en internet desde su
nacimiento promocionándose como
un servicio de noticias veloz,
crítico y eficiente como, por
ejemplo, durante el tsunami de
2011 en Japón cuando ayudó a los
servicios de emergencia a localizar
supervivientes o en la Primavera
Árabe. Pero esta semana, algunos
de los que antes veían a esta
herramienta como una fuente de
información indispensable han
comenzado a tener reticencias al
descubrir que el poder de las
masas, en realidad, es un adagio al
poder de la información. «Vamos
hacia un modelo de delincuente
informatizado. Puede acceder a un
avión y atacar las Torres Gemelas
pero también acceder a Twitter y
provocar un caos». Y este tipo de
situaciones se repetirán los
próximos años.