El genocidio del que se había dejado de hablar

22.05.2013 17:26

"Es parte del racismo estructural,
del racismo histórico y del racismo
ideológico, que lleva a minimizar lo
ocurrido, a querer desconocer y
ocultar"
Los indígenas ixiles tuvieron que
esperar más de 30 años para poder dar
testimonio del capítulo más doloroso
de su historia ante un tribunal de
justicia de Guatemala.
Pero ni todo el tiempo del mundo
habría podido mitigar el horror de lo
que tenían para contar.
A lo largo de diez días, en el marco del
juicio que culminó hace una semana
con la condena por genocidio del
expresidente Efraín Ríos Montt, un
centenar de testigos –
fundamentalmente mujeres – dio
cuenta de la violencia ejercida desde el
Estado en contra de este pueblo maya
entre marzo de 1982 y agosto de 1983.
Y el suyo fue –en palabras del
periodista salvadoreño Carlos Dada,
quien cubrió el juicio para el periódico
digital El Faro– un relato lleno de
"niñas apuñaladas en el cuello, bebés
asesinados por soldados que estrellaron
sus cabezas o atravesaron sus cuerpos
con bayonetas, familias enteras
amarradas en viviendas a las que
soldados prendieron fuego".
Fue un relato de "hombres asesinados y
luego cortados en pedazos; niños
muertos a machetazos en el rostro;
mujeres y niñas violadas; indígenas
obligados a asesinar a otros
(indígenas)", en el que tampoco faltaron
"aldeas enteras desaparecidas; bloqueo
de alimentos y quema de milpas", ni
desplazamientos masivos, ni tierras
abandonadas.
Todo, parte de una historia sobre la que
Guatemala, y el mundo, ya habían
escuchado hablar antes.
Una historia, sin embargo, sobre la que
se había dejado de hablar.
Sólos
Efectivamente, de la violencia contra de
los ixiles –uno de los 22 pueblos mayas
que en su conjunto conforman
aproximadamente la mitad de la
población de Guatemala– ya habían
dado cuenta el informe del proyecto
para la Recuperación de la Memoria
Histórica (REMHI), en 1998.
"Es parte del racismo estructural, del
racismo histórico y del racismo
ideológico, que lleva a minimizar lo
ocurrido, a querer desconocer y
ocultar"
Rosalina Tuyuc, Conavigua
Y, un año después, también hizo lo
propio la Comisión para el
Esclarecimiento Histórico de Naciones
Unidas (CEH).
Ambos reportes, publicados poco
después de la firma de los acuerdos de
paz, documentaron exhaustivamente las
atrocidades cometidas en el marco del
conflicto armado guatemalteco, que se
prolongó de 1960 a 1996.
Y las masacres que eventualmente le
valieron al general Ríos Montt una
condena de 80 años de cárcel ya se
mencionaban ahí.
Los 1.771 ixiles asesinados durante el
mandato del gobernante de facto, sin
embargo, apenas eran una gota de agua
en el mar de violencia que azotó a
Guatemala dejando 200.000 muertos y
45.000 desaparecidos, en su inmensa
mayoría indígenas caracterizados por
los gobiernos de turno como
colaboradores de la guerrilla de
izquierda que intentaba hacerse con el
control del país.
Y en los primeros años de la paz, el
intentar arrojar luz sobre este oscuro
período de la historia guatemalteca
fácilmente podía resultar en una
sentencia de muerte, como evidencia el
asesinato del director del REMHI,
monseñor Juan José Gerardi, dos días
después de la publicación del informe
"Guatemala: Nunca más".
"Yo creo que el Estado, y los medios de
comunicación, que fueron callados e
intimidados, nunca le dieron cobertura
real a lo que pasó en nuestro país", le
dijo a BBC Mundo Rosalina Tuyuc,
fundadora de la Coordinadora Nacional
de Viudas de Guatemala, CONAVIGUA.
"Entonces la verdad de la mayoría de
las comunidades que fueron afectadas
sólo se quedó en su corazón, en su
cabeza.
Y fueron muy pocos los que las
acompañaron en su búsqueda de
justicia", agregó.
Racismo
Esa búsqueda de la justicia también se
vio afectada por la falta de interés de
una instituciones del Estado que entre
2000 y 2004 estuvieron controladas
por el partido del propio Ríos Montt, y
sobre las que siempre pesó la influencia
tanto del ejército como de una élite
económica poco dispuesta a reconocer
su complicidad.
Y, para Tuyuc, el hecho de que la
inmensa mayoría de las víctimas – el
83%, según la Comisión para el
Esclarecimiento Histórico – fueran
indígenas, también ayuda a comprender
que la tragedia del pueblo maya nunca
fuera objeto de un verdadero debate
nacional.
"Es parte del racismo estructural, del
racismo histórico y del racismo
ideológico, que lleva a minimizar lo
ocurrido, a querer desconocer y
ocultar, y hasta a decir inclusive: por
qué no fueron exterminados los indios,
si solamente son una carga para el
Estado", explicó Tuyuc, quien pertenece
al pueblo Maya Kaqchikel.
"Ese tipo de expresión demuestra que
efectivamente hay dos Guatemalas: la
Guatemala urbana, ladina, y la
Guatemala rural, campesina, indígena,
que está sumida en la pobreza, en el
analfabetismo y la desnutrición",
aseguró.
Ese problema es reconocido también
por Jacobo Bolvito, comisionado
presidencial contra la Discriminación y
el Racismo contra los Pueblos Indígenas
en Guatemala.
"Un alto porcentaje de los
desaparecidos, de los desplazados, de
lo muertos en el conflicto armado
provenía de los pueblos indígenas de
Guatemala.
Y ese resultado nos da a entender que
obviamente hubo un racismo de por
medio", le dijo Bolvito a BBC Mundo.
"Y al día de hoy los efectos del
racismo, las consecuencias del racismo,
las vemos en que los indicadores de
desarrollo humano en los pueblos
indígenas son realmente lamentables",
agregó.
Camino por recorrer
Efectivamente, según cifras del
Programa de Desarrollo de Naciones
Unidas, mientras aproximadamente
siete de cada diez indígenas
guatemaltecos viven en situación de
pobreza, el porcentaje de ladinos
(mestizos) pobres es de apenas el 36%.
"Al día de hoy los efectos del racismo,
las consecuencias del racismo, las
vemos en que los indicadores de
desarrollo humano en los pueblos
indígenas son realmente lamentables"
Jacobo Bolvito, Codisra
Y la exclusión económica también tiene
su expresión política, pues en el
Parlamento guatemalteco solamente
hay 21 diputados indígenas (sobre un
total de 158), a pesar de que los
habitantes de los pueblos originarios
constituyen aproximadamente la mitad
de la población.
Y si bien la situación empezó a mejorar
un poco en la medida que se fueron
implementando los acuerdos de paz,
todos en Guatemala reconocen que aún
queda mucho camino por recorrer.
"Por un lado está muchas veces
aprobar una ley, para dar esa
apariencia de buena voluntad.
Sin embargo al momento de concretizar
la operativización, resulta que no hay
voluntad política y mucho menos
presupuesto", le dijo a BBC Mundo
Marta Matzir, coordinadora de la
asociación maya Uk’u’x B’e.
Y para Lolita Chávez, vocera del
Consejo de Pueblos K'iche', los avances
conseguidos por el pueblo maya en la
búsqueda de justicia y el
reconocimiento de sus derechos no son
tanto el resultado de una concesión del
Estado como un producto de su cada
vez mejor organización.
"Los pueblos hemos seguido
caminando, no nos hemos quedado
estáticos, sino que hemos estado en
movimiento, hemos generado
fortalezas", le dijo a BBC Mundo.
Y Rosalina Tuyuc parece coincidir.
"Todos los espacios que se han abierto
hasta ahora son también herencia o
resultado de los 200.000 muertos que
dio nuestro país.
Y por lo tanto hay que luchar para
mantener esos espacios y denunciar a
todos los que no han querido
reconocer a la otra Guatemala", dijo la
fundadora de CONAVIGUA.
"No podemos volvernos a callar",
concluyó.