El cura que metió el dedo en la llaga de la Iglesia chilena

09.06.2013 05:45

Felipe Berríos, el jesuita que causa
polémica en Chile, hoy vive en El
Congo, en África.
Una Iglesia Católica que "ha caído
en un lenguaje de secretismo",
"que discrimina" y con obispos
"voceros del Vaticano que no
piensan por sí mismos".
Dichos por cualquier mortal, los
comentarios anteriores no pasan de
una crítica a una institución en
crisis. Pero en la boca de Felipe
Berríos, resultan una bomba
nuclear.
Un sacerdote jesuita sin pelos en la
lengua, que cada vez que se para
frente a la cámara o escribe en
algún diario, la Iglesia chilena
tiembla. Ese es Felipe Berríos. O
"Pipe" para sus amigos, entre los
que se cuentan desde políticos
hasta mujeres de los barrios
marginales, pasando por artistas y
rostros de televisión.
Conocido dentro de los círculos de
poder más liberales y dueño de una
labia que siempre es bien recibida
en los medios, Berríos no es un
aparecido en la opinión pública
chilena.
Fue uno de los creadores de "Un
techo para Chile", la iniciativa de
conseguir aportes privados para
construir viviendas básicas y
terminar con la marginalidad. Hoy
se replica en toda América Latina
como "Un techo para mi país".
También fue columnista del diario
El Mercurio, donde en enero de
2009 publicó un polémico artículo
criticando a los alumnos de las
universidades privadas ubicadas en
los barrios acomodados de
Santiago, quienes se llenaban de
conocimientos académicos sin
conocer la realidad del otro lado
de la ciudad.
Ese mismo año la vida del cura más
deslenguado de Chile dio un vuelco
fundamental: fue destinado a
África, como parte de un grupo de
jesuitas que se encarga de los
refugiados en la República
Democrática del Congo.
Cambió políticos y famosos por los
más pobres y hoy vive con lo
básico, con limitada electricidad,
sin teléfono y con limitado acceso
a internet, razón por la cual se
disculpó de no poder conversar
con BBC Mundo.
Sólo la salida a Ruanda por sus
trámites de visa le permitó
conceder una entrevista al popular
programa "El Informante" de TVN,
el canal público chileno, emitida el
martes 28 de mayo. Y en Chile
ardió Troya.
Secretismo, consumismo y
discriminación
"La Iglesia ha caído en un lenguaje
de secretismo, de verdades a
medias y la gente se ha
acostumbrado a estar leyendo
entre líneas", fue la frase con la
que abrió la entrevista.
Y durante media hora se dedicó a
hacer una crítica no sólo a la
Iglesia en Chile, sino también a su
sociedad, basada en el consumo,
con una elite preocupada "de unos
ritos sin contenido, que viven
llenos de miedo y buscando una
salvación, que dios se las da
gratuita, pero ellos quieren
comprarla con buenas acciones".
No cayó bien y terminó por
provocar un problema
"diplomático" entre la jerarquía
eclesiástica, su orden -la Compañía
de Jesús- y las distintas ramas que
componen la institución en Chile.
Sin contar las encendidas redes
sociales, que todavía siguen
hablando de la entrevista. Parte por
las palabras mismas de Berríos y
parte también por la airada
reacción de la cúpula eclesial.
"Una completa exageración, una
cosa completamente fuera de la
realidad en general de lo que
ocurre en la Iglesia", señaló el
primer obispo en reaccionar, Juan
Ignacio González, en Radio
Cooperativa.
El vocero de la Conferencia
Episcopal de Chile, Jaime Coiro,
dijo sobre Berríos: "Habla desde la
vereda del frente", y el presidente
de dicha institución y arzobispo de
Santiago, Ricardo Ezzati, le
mandaba su bendición con lo que
fue interpretado coomo una ironía.
"Que le vaya bien en África", se leía
en La Tercera.
Consultado por BBC Mundo, Jaime
Coiro aclara la postura de la
Conferencia Episcopal. "Para los
obispos hay un grueso de los
contenidos que formula el padre
Felipe que son plenamente
coincidentes con sus lineamentos",
como la crítica social al lucro, a la
inequidad y al desencanto de los
jóvenes.
"Hay ciertas miradas autocríticas
bastante compartidas", asegura
Coiro.
Si la Iglesia está abierta a la
autocrítica, ¿por qué entonces
localizan a Berríos, sacerdote y
parte de ella, "en la vereda del
frente"?
"Hay desazón, incomodidad, es este
modo de hacerlo, como si él
estuviera en la vereda del frente.
Somos Iglesia y en la misma familia
eclesial es posible decirnos estas
cosas", asegura Coiro.
No todos están de acuerdo.
Presiones de arriba
Las palabras de Berríos hicieron
reaccionar al Arzobispado de
Santiago y a la Conferencia
Episcopal.
El miércoles 29 de mayo el
provincial de la Compañía de Jesús
en Chile, Eugenio Valenzuela,
enviaba una carta a los directores
de El Mercurio y La Tercera
apoyando los dichos de Berríos.
"Su inserción con los más pobres
en África hace creíble su profética
llamada de atención y nos urge a
luchar contra las escandalosas
desigualdades de nuestro país", se
leía en las ediciones del día
siguiente.
Sin embargo, el mismo miércoles
en la noche Valenzuela mandó un
mensaje a Ezzati disculpándose por
los dichos de Berríos.
"Lamento mucho las declaraciones
de Felipe. Encuentro que sus
generalizaciones son injustas, nada
aportan a la vida de la Iglesia y
nuestra tarea evangelizadora. Le
pido perdón", decía el mensaje
publicado en La Tercera tres días
después.
Tres sacerdotes chilenos
consultados por BBC Mundo, que
están en constante relación con la
jerarquía, prefirieron no aparecer
en este reportaje, argumentando
que la cúpula eclesial está
ejerciendo "mucha presión" para
que los sacerdotes no se expresen
críticamente en los medios.
Dos coincidieron en que creen que
en la disculpa jesuita hubo
"presiones de arriba".
BBC Mundo intentó conversar con
el arzobispo Ezzati, pero la
entrevista fue rechazada por su jefa
de prensa, argumentando que no
quiere referirse más al tema.
Existe consenso entre religiosos y
fieles de la rama más liberal de la
Iglesia chilena en que "autocrítica"
y "vereda del frente" son para la
cúpula la misma cosa.
El "secretismo" en la práctica
El estudiante católico Rafael
Zanetta, quien el año pasado
denunció a un sacerdote ante la
autoridad eclesiástica por abuso de
poder, dice haber vivido en carne
propia el "secretismo" del cual
habla Berríos.
Su caso es bastante conocido en
Chile. Él también criticó a la Iglesia
desde dentro, pero sólo se topó
con portazos.
Según Zanetta, de 25 años, Berríos
habló con "ojo crítico, agudo y
sincero" sobre la falta de
transparencia y verdad que golpea
a la Iglesia chilena. Y lo grafica con
su experiencia.
Zanetta pertenecía a un grupo del
lado conservador de la polarizada
Iglesia chilena. Era acólito de "El
Bosque", una parroquia del barrio
acomodado, frecuentada por fieles
para los cuales curas como Berríos
eran una aberración.
El 67% de los chilenos se declara
católico, según datos del censo de
2012.
La misma parroquia que estuvo en
el centro de la noticia luego de que
su líder histórico, el sacerdote
Fernando Karadima, fuera acusado
de manipulación y abuso sexual.
El joven presentó una denuncia
ante el arzobispado de Santiago por
abuso de poder en contra de Juan
Esteban Morales, la mano derecha
de Karadima. Sin embargo, no fue
precisamente acogida lo que
encontró en la cúpula eclesial.
Desde que ingresó la denuncia
nunca más recibió una
comunicación formal desde el
arzobispado. Y cuando finalmente
el investigador del caso le
comunicó que los antecedentes
eran suficientes para demostrar la
culpabilidad de Morales en el abuso
de poder, según cuenta Zanetta, la
cúpula eclesial no le entregó el
fallo y posteriormente negó la
culpabilidad de Morales.
"Yo que soy un denunciante, o sea,
parte activa del proceso, no tengo
claro qué paso. El investigador de
todo este caso dijo una cosa y el
obispo, a puertas cerradas y sin
preguntarle a nadie, hizo otra", le
dice Zanetta a BBC Mundo.
BBC Mundo solicitó acceso a dicho
fallo, pero la respuesta entregada
por la oficina de Comunicaciones
del Arzobispado de Santiago fue
que el fallo no es público. Sólo se
le entrega al denunciado, y,
efectivamente el denunciante no
recibe una copia.
Según Zanetta, más allá de lo que
permite o no el derecho canónico,
la falta de transparencia de la
Iglesia liderada por Ezzati y
mencionada por Berríos "con ojo
crítico, agudo y sincero" es un
problema grave.
"Es como que (Ezzati) no fuera
consciente del daño que está
haciendo, como que no le tomara
el peso, como que para él fuera
administrar un fundo", asegura el
joven.
A pesar de eso, no se ha ido.
Aunque se lo cuestionó todo y
ahora se siente "50% católico" por
culpa de "una Iglesia que se llama a
si misma a ser portadora de la
verdad, pero que cuenta la verdad
a medias tintas", Rafael no dará su
brazo a torcer y seguirá criticando
desde dentro, sin cruzar a la
vereda del frente.