Amalia, la mujer más longeva del DF, festeja sin sus hijos

11.05.2013 16:44

Nació en el siglo antepasado, el 10
de julio de 1898. Amalia López
Celis tuvo cuatro hijos y seis
hermanas, pero ya los vio morir a
todos. Ahora le quedan nueve
nietos, 15 bisnietos, tres
tataranietos y dos choznos —o
hijos de éstos— que ayer le
celebraron, una vez más, el Día de
las Madres.
A punto de cumplir 115 años,
Amalia es la mujer más longeva del
Distrito Federal de la que se tiene
registro. Forma parte del grupo de
448 centenarios cuya salud es
monitoreada por geriatras de la
Secretaría de Desarrollo Social
capitalina.
En su casa, en la colonia
Culhuacán, aún se levanta y camina
a paso lento, pero por su propio
pie; además come sola, reza y hasta
lee.
Según Pedro Váldez, coordinador
de Geriatría del Instituto de
Atención a los Adultos Mayores del
gobierno capitalino, sólo tiene
problemas de artritis en sus
rodillas y algunas alteraciones de
su presión arterial.
El especialista explicó que Amalia
nació con genes que le reducen las
posibilidades de tener diabetes,
cáncer y colesterol. Además, contó
que quizá su alimentación y modo
de vida desde su niñez también han
influido para que haya llegado a
más de un siglo de edad.
Reunidas ayer en su casa para el
festejo del 10 de mayo, algunas de
sus nietas recordaron las anécdotas
que Amalia les contaba cuando
eran niñas.
A los 13 años de edad la centenaria
conoció a su esposo, quien se la
llevó al pueblo de Tlacotepec de
Benito Juárez, en Puebla. Ahí
nacieron sus cuatro hijos y algunos
nietos.
En plena Revolución, solía esconder
a sus hijos atrás de las milpas o en
hoyos hechos en la tierra para
evitar que los hombres armados se
los llevaran. En su memoria del
Porfiriato también quedó grabado
el paso de los trenes cargados de
oro y hasta un descarrilamiento
“donde se vio todo el oro brillar”
sobre la montaña.
Impetuosa, Amalia una vez se
enteró que uno de los líderes
revolucionarios, Francisco I.
Madero, pasaría por el lugar donde
vivía. Entonces corrió a verlo y
pudo acercarse a él.
Su día a día
En su casa, Amalia tiene una rutina
diaria. Se levanta alrededor de las
ocho de la mañana y se acerca a la
cocina a desayunar. Luego de que
le ayudan a su aseo personal,
regresa a la comida, aunque sus
movimientos ya son tan lentos que
tarda un par de horas.
Le sigue su estancia en la recámara
donde reza el rosario y pide por su
numerosa familia. Después ve un
poco la televisión, cena y se va a
dormir.
Ayer cambió su rutina. A las 10 de
la mañana Los Dandys le cantaron
las mañanitas por el Día de las
Madres. Le llevaron pastel,
hojaldras de mole con pollo y
cuernitos de ensalada rusa. Rosa
Icela Rodríguez, secretaria de
Desarrollo Social, le dio un abrazo
y destacó “el culto a la vida” de
doña Amalia. (Con información de
Crsitopher Rogel)